domingo, 22 de abril de 2012

HISTORIA E IDENTIDAD




    El avance de procesos sociales de transformación política y social ha contribuido a una mayor conciencia de organización comunitaria, y a la valorización de la importancia que tiene la lucha por la reivindicación socio-cultural que caracteriza nuestra historia social.
     
    Hemos tenido a lo largo del tiempo, desde sus primeros medios de expresión gráfica en la antigüedad hasta las formas más complejas del lenguaje actual, una historia que ha servido al hombre para dirigir su mirada al pasado y reconstruirlo en un contexto histórico determinado. Sin embargo, no ha llegado aún a reconocerse en ella la historia de los pueblos, cuya participación ha permanecido bajo las sombras e invisibilizada por un discurso histórico dominante, desde las ideas y valores de los vencedores, importante para una gran élite dominante, dejando en manos de  pueblos aquella historia anecdótica y vacía de sentido e identidad. Por esto, creemos que es urgente y necesario  nuevos enfoques para abordar  la historia social y cultural desde los pueblos, como potencialidad para construir y transformar  la historia desde lo local y cotidiano, pasando por lo regional, hasta llegar incluso, a la transformación de la  historia latinoamericana.

    En el ejercicio historiográfico interviene la persona que la escribe, además del conjunto de elementos teóricos utilizados. Hoy día, la reconstrucción del drama histórico debe partir de la memoria de los pueblos como instrumento y fuente de dicha renovada construcción, cuyo objetivo debe ser el fortalecimiento de nuestra identidad, desde lo local a lo nacional. De allí que, los hombres como protagonistas de la historia, deban identificarse con su entorno inmediato, acercándolo a una historia de transformación radical.

    Dentro de todo este contexto, el análisis histórico necesariamente debe superar las concepciones ideológicas dominantes de los vencedores, y  debe partir, desde una ideología libertaria con valores de solidaridad y respeto por la vida en la diversidad, en consecuencia se requiere  la organización y la  participación de los pueblos. Néstor Kohan señala que “la sociedad es una totalidad de relaciones atravesada por contradicciones internas que no son eternas, sino transitorias e históricas”. (Introducción al pensamiento socialista. El socialismo como ética revolucionaria y teoría de la rebelión. pág.18) En este sentido, la historia está llena de relaciones sociales basadas en la explotación y la dominación, pero esta visión puede cambiarse, porque la resistencia y la rebelión de los pueblos está en permanente aumento y exige de una renovada transformación social. En consecuencia, se demanda una transformación de la Historia Nacional y ésta debe comenzar a darse desde la historia de las comunidades por su carácter de permanente renovación, en función de la búsqueda de la reconstrucción de la memoria e identidad  desde lo singular, es decir, desde la cotidianidad en el interior de los pueblos.
 

    Observamos en estos últimos años, que la historia regional y local ha contribuido significativamente no sólo al conocimiento del pasado, sino también, a la historia como ciencia social. Se han multiplicado los organismos, las instituciones y las personas que se involucran en investigaciones locales en todas partes del mundo, y nuestro país forma parte de ello. Desde luego, esta “multiplicación” debe tener efectos positivos, pero, preocupa ver como frente a las urgencias de las comunidades, se sigue abordando esta realidad con un marco conceptual  que excluye la subjetividad y los procesos creativos del pueblo en los procesos de trasformación social y en la construcción permanente de la identidad histórica.

    Por ello, el reto de hoy es renovar  el conocimiento histórico, que depende en gran medida de crear y apoderarse de nuevos marcos teóricos y metodológicos, de la búsqueda creativa de nuevas fuentes y del enriquecimiento de las ya conocidas por medio de la re-interpretación crítica a luz de los acontecimientos actuales. La localización constante de nuevos testimonios será infinito mientras acontecimientos como los que ocurren en la  contemporaneidad no sean completamente explorados y comprendidos. Es precisamente esto la fundamentación de la historia radical o crítica como ciencia.

Es importante entonces, de acuerdo a nuestra propuesta, el acercamiento a las fuentes históricas que le dieron existencia a nuestra ciudad y que explican su desarrollo y transformación permanente, para así generar la conciencia y el interés por los procesos históricos locales. Esto en la práctica, debe obligarnos junto con las comunidades a realizar un esfuerzo para la búsqueda, el estudio, la organización y finalmente la publicación de las fuentes históricas de nuestro origen, así como  su  preservación. En este sentido, el estudio de la historia local debe permitir que el  conocimiento generado de ella, sea útil para  la transformación permanente de la realidad, en otras palabras, el conocimiento histórico debe ser  aprehendido por la comunidad para darle significado y cohesión, lo contrario es convertir metafóricamente a la historia local, en un sujeto con  Alzheimer cuyos recuerdos del pasado han perdido sus vínculos, mientras que su presente y futuro carecen de significado humano.

    En fin, bienvenida la nueva práctica radical de la historiografía que reivindicará, al fin, la verdadera historia de los pequeños pueblos.


Lic. Noraya J. Pérez Díaz
Historiadora


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